ADVERTENCIA: En este blog no se intentará sacar a relucir lo mejor de mi intelectualidad, sino que todo lo que lean será porque nació de un arrebato del momento.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Luz al final del tunel
viernes, 9 de septiembre de 2011
Cemento y cincel: La nueva forma de desarrollar la arquitectura del siglo XXI
Cuando nos detenemos un momento a mirar a nuestro alrededor fijamente, qué es lo que observamos. Sí, gente pasar, anécdotas de la vida cotidiana, tristezas, esperanzas y emociones. Pero, si se detienen un momento más y miran aún más detalladamente. Fíjense en aquellos muros decorativos que nos encierran en un espacio lleno de realidad concreta. Aquellas murallas a veces tan altas como las montañas, y otras veces insignificantes como un pequeño tropiezo de la vida diaria. ¿Se dieron cuenta? Sí, son los denominados edificios. Aquellas piezas de arte contemporáneo que encierran en sus estructuras todos los recuerdos, fragmentos superficiales y también secretos que nunca deben salir de allí.
La arquitectura contemporánea o postmoderna del siglo XXI, nos ha demostrado cuan lejos puede llegar el hombre por alcanzar lo más alto. En nuestro país, ya son dos los grandes rascacielos que luchan por el trono de las alturas. Quizás muchas personas no noten estas grandes masas de concreto y asfalto que cada día nos encierran y nos ocultan de la grandiosidad de los parajes indómitos de la naturaleza. En cambio, otros viven y sueñan pensando en cómo desarrollar piezas de arte arquitectónico, cada vez más altas y originales.
La batalla por alcanzar el cielo es cada vez más feroz. La realización de una obra de arquitectura no puede dejar de tener detrás un contenido simbólico, y por ello, una opción moral y política frente a la realidad. Es por esto que me pregunto, ¿la realización de estas piezas de arte contemporáneo reflejan los procesos históricos, culturales de la sociedad o son simplemente un reflejo de la egolatría de algunos?
Este cuestionamiento es básicamente fundado en las variables de nuestra economía actual. Cabe señalar que los grandes procesos industriales y productivos de hoy, reflejan una mirada mucho más independiente de la realidad, provocando que el individualismo surja como una epidemia imparable en nuestra sociedad. Entonces, si esto sucede a diario, por qué nuestros artistas no podrían ser parte de ello. ¿Acaso César Pelli, arquitecto a cargo de la construcción de las Torres Petronas de Kuala Lumpur y también de la Torre Gran Costanera, parte del complejo chileno Costanera Center, que pretende ser el rascacielos más alto de Sudamérica, no se ha dejado llevar por interés económicos, por sobre lo artístico?
Si nuevamente nos detenemos un momento y comenzamos a revisar nuestra historia arquitectónica, nos daremos cuenta que desde el comienzo de la humanidad, las sociedades han querido plasmar su huella y sus vivencias en algo concreto y perdurable.
Uno de los tesoros arquitectónicos más famosos que han permanecido durante siglos en nuestra historia, es el mural de Miguel Ángel, ubicado en la Capilla Sixtina de Roma. En su proyecto, ideó una grandiosa pintura inspirada en el tema bíblico, interponiendo una interpretación neoplatónica de la visión católica. En la actualidad, la arquitectura postmoderna desarrolla un visón mucho más empirista de la realidad, en donde se busca una ruptura de lo tradicional, dando paso a las figuras y formas puras que desprecian las cualidades de la arquitectura del pasado.
Este nuevo formato artístico que nos presenta la arquitectura contemporánea, claramente no goza de aquella legitimidad social que sí posee la arquitectura “culta” y elaborada del renacimiento, sino que para muchos, solo responde al “común y corriente” de una sociedad de consumo incapaz de perseguir modelos originales del arte.
Los artistas, entonces, a lo largo de la historia han sabido aprovechar estas oportunidades para plasmar en sus obras, un mensaje para la posteridad, en donde el sello característico siempre ha sido unificar las corrientes ideológicas de una época. Las formas de ayer son parecidas a las de hoy, lo único que cambia en esta idea de dejar una marca en la historia, son sus distintos contextos y contenidos simbólicos.En conclusión, son los arquitectos los encargados de escribir a través de las líneas y formas el lenguaje arquitectónico de una comunidad. Son ellos, los que en sus obras, tanto renacentistas como contemporáneas, los que marcan en sus paredes las huellas de la historia. Lo símil entre los arquitectos con un poeta, se basa en la manera en que cómo ambos tienen a su disposición distintos elementos para poder llevar a cabo su obra de arte, con el objetivo de plasmar en ella todas sus visiones.
La poesía estructural de muchos arquitectos posmodernistas destacan en su labor por la búsqueda más allá de una mera identidad formal, sino que se alinean en un pensamiento que busca dar respuestas apropiadas a los problemas genuinos de la sociedad del siglo XXI.
