martes, 15 de mayo de 2012

¿Te llevo bajo la piel?

Hace tiempo que tenía ganas de pasar por acá. Estas últimas semanas, más bien meses, me han sorprendido gratamente. Eso sí, hay que partir por el principio y quiero contarles, con toda la honestidad, que mi inadaptabilidad social ha tocado fondo.

Les juro que no hay ciudad que me guste más que Santiago. Para mí la capital es mi hogar, tiene todo lo que yo busco y me encanta saber que vivo en una de las ciudades más desarrolladas de Latinoamérica, pero en realidad odio cada día más a los santiaguinos. 

Yo sé que estoy generalizando y tomando las cosas muy seriamente, pero no. Creo que ayer no fue una gota lo que rebasó mi vaso, fueron 3 litros y medio de gente los que colmaron mi paciencia.
Yo siempre me he caracterizado por ser un nerd que cumple las reglas (o intento hacerlo) al pie de la letra. Siempre soy el único pelotudo que espera la luz verde, nunca me siento en los buses del Transantiago o el metro, para no ocupar el espacio que a otro le podría servir, y simplemente me comporto como un buen ciudadano promedio. 

Yo entiendo que el crecimiento de esta ciudad ha aumentado con creces, pero siempre me pregunto, ¿de dónde cresta sale tanta gente? Hay veces que me da la impresión que el metro es una fabrica de gente y que cuando salen de ese pequeño agujero no hay nada más que hacer…. 150 ó tal ves más personas salen, salen, empujan, gritan,  y siguen saliendo, pero, de dónde!?


He tratado de poder superar mi poca tolerancia social con buena música mientras viajo, mirando un punto fijo o simplemente cerrando mis ojos para desaparecer por completo, pero ni eso basta, ya que mi humilde metro cuadrado es habitualmente invadido por alguno que otro washiturro de dudosa procedencia, hipsters, señoras con las bolsas de compras o un amable señor en posición de surfista para no caerse.

Si bien, nunca he sido el personaje más afable, ni menos me he ganado un premio a la simpatía en mi vida, creo que mis limites y mi paciencia ya no aguanta más. Si bien, este comentario no tiene ninguna solución a un problema, creo que me ayuda a poder desahogarme y poder afirmar que sigo siendo un viejo gruñón y un inadaptado social por excelencia.